25 jun. 2015

Para estar al día

Existe una tablilla de cerámica en la que un escriba, aficionado a darle al magín, grabó con su punzón de caña sobre la arcilla blanda, imprimiendo con habilidad los caracteres cuneiformes precisos, la idea de que el mundo estaba ya saturado de novedades y que a ese paso no quedaría nada que inventar en su futuro próximo. Era más o menos el año 3000 a.n.e., es decir, hace 5000 años. Éste tatarabuelo filósofo que escribía sobre sus rodillas sentado en el suelo en algún lugar del delta de los dos ríos con hardware tan rudimentario estaba estresado por los cambios que había tenido que afrontar en su vida y el vértigo lo ganaba. También creíamos que el estrés era cosa nuestra, pero ca, no habíamos leído las tablillas de barro de hace 50 siglos.


A mitad de tiempo entre esa fecha y el presente (hace 2500) el redactor del Eclesiastés nos legaba un pensamiento complementario «no hay nada nuevo bajo el Sol, cada cosa de la que dicen: mira esto es nuevo, resulta que ya fue». La profecía del mesopotámico se había cumplido. Habrá que concluir que desde unas decenas de siglos atrás no hacemos otra cosa que dar vueltas a lo mismo. Pudiera ser que un Pablo Iglesias con sandalias atadas a las pantorrillas anduviera por el Foro romano incordiando a los patricios, la casta, con la amenaza de volver a antes del 78 (antes de C., se entiende). De hecho, consultando la Wikipedia me encuentro con que en tiempos de Maricastaña (195 a.n.e.), más o menos, hubo una movida feminista en Roma (no me atrevo a decir que la primera, visto el Eclesiastés) protestando una ley (Lex Oppia) que impedía a las mujeres lucir oro, ropas de colorines y conducir carruajes. Lograron su retirada y lo celebraron con una vistosa procesión que es como antes llamaban a las manifestaciones. Lo habían conseguido pese a la feroz oposición del carca de la época Marco Porcio Catón (Catón el Viejo), que, de todas formas, poco tiempo después logró colar otra ley (Lex Voconia) que impedía que recayera en las mujeres mucha riqueza, por herencias u otros medios, con la excusa de que eran unas manirrotas. Seguro que el fuerte movimiento feminista también se la tiró a la basura, me diréis. Pues no. Resulta que entretenidas con los trapos de colores y las joyas que ahora podían lucir, les pasó desapercibida. El mismo Catón escribió un libro (De Agri), un bestseller en el mundillo terrateniente de la época en el que entre otros consejos proponía a los propietarios que se deshicieran de los esclavos (un traductor enrollao  hubiera puesto currantes) viejos o enfermos para optimizar la productividad de la explotación. Hoy estaría impartiendo docencia en alguna prestigiosa escuela empresarial. No me extrañaría que éste haya sido libro de cabecera de Fátima Báñez, campeona de la reforma laboral y de la señora Oriol, expresidenta del círculo de empresarios, que hace poco alertaba de los peligros (económicos) de contratar mujeres en edad de procrear, con lo que las aspirantes al curro con posibilidades quedarían reducidas, digo yo, a las menopáusicas y a las que muestren ligadura de trompas.

En fin, dejo de escribir y me pongo de nuevo con el Eclesiastés que necesito estar al día.


2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Eso es estar al día....

Saludos

Manuel Reyes Camacho dijo...

Muy bueno, me he reído más que con los chistes del Forges. Lo más curioso del caso es que hoy sigue habiendo gente que piensa como el filósofo cuneiforme: ya está todo inventado. O como el Espíritu Santo cuando escribía el Eclesiastés: No hay nada nuevo bajo el Sol. Confío en que, al menos el Espíritu Santo se haya actualizado y piense ahora que "hay gente pa tó" y hasta para inventar cosas nuevas, como el tinto con gaseosa, un poner...